
Jueves por la tarde. Los programas de la tarde siguen su curso. De repente, toda la programación se para y es reemplazada por los informativos. Una catastrofe ha sucedido: se ha estrellado el helicoptero que llevaban a Mariano Rajoy y a Esperanza Aguirre. Mientras tanto, en otro sitio un chaval se taladraba literalmente el dedo. Tanto Rajoy como esta persona terminaron de la misma forma: con el dedo vendado, Rajoy como consecuencia de haberselo partido y el chaval por razones obvias.
Visto lo visto, ¿por qué el dedo del señor Rajoy tardará menos en curarse y será más conocido que el dedo de esa persona anónima? Pues por la sencilla razón de que Rajoy es conocido, porque si nos ponemos a hacer balance de las personas implicadas y el daño total fisico de todas ellas vemos que la cosa está un poquito descompensada: por un lado, cuatro personas (Rajoy, Aguirre, el piloto y un cámara de Antena 3) y un dedo y, por el otro, una persona y un dedo.
En fin, como bien predica una frase que me acaba de inventar: Rajoy y Aguirre, un mismo helicoptero, un mismo destino. Adios, amigos.
